Ganadores de la categoria Alerce del Concurso de Microrrelatos Tinta y Talento, de Alerce Literario
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Tinta y Talento, historia del microrrelato

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Hace unas semanas atrás, el sábado 25 de Abril de 2026, fui invitado a participar de la premiación del concurso de microrrelatos Tinta y Talento, organizado por la Librería Alerce Literario, en la comuna de La Unión.

Sin saber de qué se trataba la convocatoria, confirmé mi asistencia al evento, que incluiría la lectura de cada uno de los microrrelatos destacados y el lanzamiento de una revista digital feminista. La sorpresa fue mayúscula cuando noté que mi pequeño cuento sobre la saudade del verano había obtenido el segundo lugar en la categoría adultos. Los premios de Tinta y Talento para el lugar y categoría, consistieron en un muy útil manual de nubes, el libro Alienígenas chilenos de Francisco Ortega y Maravillas de Brian Selznick, los cuales complementé con mis compras de poesía de Raúl Zurita y cuentos del maestro Julio Cortázar en la misma librería.

Una historia real.

Más allá de la ficción del cuento en sí misma, la historia es real. La saudade del final del verano, el retorno a la rutina y los recuerdos de lo hermoso del paisaje marino fueron los hilos conductores del relato. Gracias a la casa de mi buen amigo Cristian, cercana al mirador Choroy-Traiguén, en la comuna de San Juan de la Costa, tuve acceso a paisajes hermosos. Todo esto acompañado de la lectura de una antología de Leonel Lienlaf (Lumen), además de las conversaciones y la música que compartimos en familia y con amigos durante ese verano.

La referencia al metro en la escena final, en tanto, forma parte del choque que por estos días ha estado enfrentando el transporte público santiaguino, siendo Tobalaba una de las estaciones más exigidas en horario punta. De ahí que imaginara lo que habría sentido un santiaguino, con una concha de caracola en el bolsillo, en medio de la ruidosa rutina. Decidí transformar al personaje en uno más urbano por dos motivos: daría un efecto más contrastante en la historia y sería menos triste que hablar de mi propia nostalgia de verano. A continuación, comparto el microrrelato «ganador».

El Sonido de Las Olas

El sonido del vacío dentro de la caracola era lo único que quedaba del verano. Desde hace unas semanas, se había transformado en una especie de amuleto. Sólo aproximarla al oído y volvían la mezcla de vientos y brumas en la costa, la música de cada tarde y anochecer. Los abrazos, la fiesta continua, las estrellas iluminando la roca donde habita el Espíritu del Abuelo. Todo resuena, mientras vuelve la concha al bolsillo del traje donde habita desde el retorno a la ciudad y su violento despertar. Los ojos se llenan de lágrimas.
Próxima estación: Tobalaba.

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